Elementos de reflexión sobre las elecciones locales en el Caquetá

Actualizado: 30 de ago de 2019

Alejandra Ciro


En distintos escenarios se ha llamado la atención sobre la victoria del uribismo en las pasadas elecciones locales en el Caquetá, al obtener las alcaldías de Florencia y de San Vicente del Caguán. Esta situación, -aunada análisis poco serios de medios como la Revista Semana que destaca la victoria uribista en una “zona donde las FARC se mueven a sus anchas-, puede limitar la comprensión de los procesos políticos en un territorio tan clave para el llamado “posconflicto” como el Caquetá.

En el presente texto se mostrarán muy brevemente algunos elementos de análisis que se desprenden de los resultados electorales del pasado 25 de octubre y que también deben ser tenidos en cuenta para comprender el comportamiento político del departamento.


Lejos de ser un lugar donde las FARC se “mueven a sus anchas”, el Caquetá es un departamento con varios matices territoriales. Podemos identificar varias subregiones que a muy grandes rasgos dividiremos entre el norte (Montañita, Paujil, Doncello, Puerto Rico, San Vicente, Cartagena del Chairá), el sur (Morelia, Belén, Albania, San José del Fragua), los municipios ribereños (Curillo, Solita, Solano, Milán) y la capital, Florencia. En el norte ha habido una presencia histórica de las FARC –presencia que también es diferenciada según los tiempos y lugares dentro de esta subregión- mientras en las otras subregiones las dinámicas sociales y políticas han sido diferentes. Como ejemplo de ello, cabe destacar en el sur la primacía del conservatismo, el importante rol de la iglesia a través de la Vicaría del Sur y la presencia, en los ochentas, del M-19 y entre 1998 y 2006 del paramilitarismo. De aquí que no sea viable concluir a simple vista que el uribismo triunfó en un “departamento de las FARC”.


Si bien el uribismo triunfó en las alcaldías de Florencia y San Vicente del Caguán vale la pena preguntarse las dimensiones de estos triunfos. Primero, se debe tener en cuenta que el uribismo solo presentó tres candidatos a alcaldía en todo el departamento: para Florencia, para San Vicente del Caguán y para Valparaíso. El partido del expresidente Álvaro Uribe ganó en las dos primeras pero en la última tuvo menos del 1% de la votación. La afirmación según la cual el uribismo obtuvo la mayor votación en alcaldías en el departamento, (27.723 votos, el 18% de la votación) ignora que Florencia y San Vicente del Caguán son los municipios con mayor potencial electoral del Caquetá y que ganar en estos dos municipios obviamente incide en una sumatoria departamental de votos, sin embargo esto no significa que tenga una representación política departamental significativa, pues no se encuentra más presencia del Centro Democrático en otros municipios. En contraste, por más que la suma de votos no iguale a la del uribismo, las maquinarias tradicionales de Cambio Radical, del Partido Liberal, del Conservador y de la U siguen manteniendo una mayor presencia territorial a lo largo de gran parte de los municipios del departamento.


Así, cuando se suma la votación por el Centro Democrático en el Caquetá se debe tener en cuenta que Florencia representa el 41,1% del censo electoral. Cualquier triunfo sobre Florencia parecerá un triunfo departamental, sin embargo, no significa que refleje un proceso político que abarque a todo el territorio del Caquetá.



Sin duda, la victoria del uribismo en Florencia ha sido holgada, al obtener la alcaldía con un 34% (frente a un 19% del siguiente candidato) y al darle la victoria en su momento a Oscar Iván Zuluaga con un 71% frente a un 24% de Juan Manuel Santos. Ahora bien, Florencia es un municipio que dista del resto de municipios en el Caquetá. No sólo aglutina aproximadamente el 36% de la población del departamento sino que es un municipio preponderantemente urbano (87,6% de la población vive en la cabecera) a diferencia de la tendencia de buena parte de los municipios del departamento.

A su vez, ha sido un municipio que, frente al resto del territorio del Caquetá, no ha sufrido en tanta medida la crisis del conflicto armado, de la colonización y de los auges coqueros. Florencia es una ciudad donde las FARC, a diferencia de lo supuesto en la revista Semana, “no se mueven a sus anchas”. Por más caqueteña que sea, el triunfo del Centro Democrático en Florencia, o en su momento de Oscar Iván Zuluaga en las presidenciales, no es algo necesariamente atípico de este municipio que nunca se ha caracterizado por tener una fuerza de izquierda.


Por su parte, a simple vista el triunfo del Centro Democrático en San Vicente del Caguán puede ser un símbolo del “triunfo” de la preferencia por la opción militar en un territorio que fue lugar de un diálogo de paz frustrado. Sin embargo, mirando de cerca los datos, en este triunfo, a diferencia de lo que sucedió en Florencia, existen ciertos matices. Si bien en San Vicente ganó el candidato uribista, lo hizo con un margen de diferencia no muy amplio. El candidato del Centro Democrático obtuvo un 39,34% frente a un 31,32% de su principal contendor, el candidato del Polo Democrático Alternativo.


La votación del Polo Democrático en San Vicente del Caguán no es despreciable considerando que su candidato era de origen campesino (nacido en Balsillas, hacía parte de la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina) en un municipio mayoritariamente urbano y con uno de los niveles de abstención más altos del departamento (abstención que, si bien no hay datos de la Registraduría, suele afectar más al sector rural). Cabe anotar que el candidato del Centro Democrático, y nuevo alcalde, es un comerciante de reconocido poder económico en el casco urbano. Aunado a esto, la izquierda sufrió una división representada en el ex – personero municipal, Carlos Cuenca, que se lanzó por el Partido Verde. Sumadas ambas votaciones (Polo: 4563**, Verde: 1529), hubiesen superado al Centro Democrático (5731 votos**).


Aunque la alcaldía quedó en manos del Centro Democrático, el concejo municipal quedó para el Polo (20,01%), si bien seguido muy de cerca por el Partido Liberal (19,24%). Por su parte el uribismo solo tuvo un 2,6% de la votación al concejo.



Igual tendencia se observa en la votación a la Asamblea Departamental en San Vicente del Caguán, la cual fue liderada por el Polo con un 22,52%, seguidos por los liberales con un 12,09%. Por su parte, el Centro Democrático tuvo la sexta votación con un 10,16%.


Así entonces, no se trata de negar la importancia de un sector significativo de la población que en el Caquetá sigue los postulados del Centro Democrático (en las elecciones presidenciales de Santos vs. Zuluaga este último candidato obtuvo un 63% frente a un 32% del actual presidente) pero sí de no dejarse llevar por conclusiones rápidas que invisibilizan procesos políticos que también son muy significativos. En este sentido es importante hablar no solo de San Vicente del Caguán (donde la disputa entre Santos y Zuluaga fue reñida: 46% frente a 49%) sino de Montañita y de Cartagena del Chairá (municipios estos últimos donde triunfó en su momento Santos sobre Zuluaga).


Montañita, municipio cercano a Florencia y con una primacía del sector rural (79,2% frente al 20,8% de la cabecera), ha sido un territorio tradicionalmente cercano a las fuerzas de izquierda (Véase Ciro, 2014). Desde los ochentas la Unión Patriótica tuvo un espacio de acogida entre la población. Esta tendencia se sigue manifestando aún hoy en día. Si bien el Polo no repitió alcaldía (la había ganado entre 2011-2014), tuvo la segunda votación con un 37,47% frente al candidato conservador que obtuvo un 46,74%.

Sin embargo, al igual que en San Vicente, pese a que perdió en la Alcaldía triunfó en el Concejo municipal con un 30,01% frente a la lista conservadora que obtuvo un 23,13%. Por su parte, para la Asamblea Departamental, la Unión Patriótica sacó la segunda votación con un 25,72% y el Polo la quinta con un 7,92%. Sumadas estas dos fuerzas de izquierda tendrían la mayor cantidad de votos a Asamblea en la Montañita.

En Cartagena del Chairá la tendencia es similar. Si bien tampoco obtuvieron la alcaldía, la Unión Patriótica sacó la segunda mayor votación, con un 23,22%, frente a un 28,51% del candidato de la ASI. Al Concejo, la lista de la UP sacó 12,34% de los votos y la del Polo 10,08%. Sumadas estas dos fuerzas de izquierda tendrían la mayor votación al Concejo municipal, superando a los conservadores que obtuvieron el 15,61%. Cartagena del Chairá, al igual que Montañita, es un territorio mayoritariamente rural (63,5% frente a un 36,5% de la cabecera) con una tradición de movilización campesina amplia al ser uno de los municipios más afectados por la crisis de la colonización y del cultivo de coca.


Ahora bien, ni Cartagena del Chairá con 18.368 potenciales sufragantes (6,60%) ni Montañita con 10.522 potenciales sufragantes (3,78%) son significativos en las sumatorias electorales departamentales, en donde básicamente prima Florencia (41,1%). A esto se le añade que Cartagena del Chairá ostenta uno de los porcentajes de abstención más altos del departamento –esto contrasta con el caso de Putumayo donde un municipio como Puerto Asís, que por sus dinámicas de colonización se asemeja en alguna medida a Cartagena del Chairá, cuenta con el 19,49% del potencial electoral departamental, superando a la capital Mocoa (16,41%) y siendo muy tenido en cuenta para elegir a los poderes regionales-[1].


Ahora bien, retomando la diversidad regional dentro del Caquetá, debemos aclarar que las tendencias partidistas son bastante sectorizadas y que por fuera del Caguán o de Montañita la participación de la izquierda es prácticamente nula. Sin embargo, la presencia histórica de estas fuerzas aún hoy en día hace necesario que dejen de ser invisibilizadas, considerando el rol tan importante de estos territorios en un verdadero proceso de paz. El reconocimiento de estas fuerzas pasa por dejar de estigmatizar estos territorios al tacharlos de guerrilleros (“donde las FARC se mueven a sus anchas”…), como de forma simplista impera en la opinión nacional, sino reconociendo que los actores políticos no armados son muy relevantes, que las armas no lo dictan todo y que el comportamiento político de las poblaciones en estos territorios escapa a la dicotomía de coacción (“votan porque están presionados”) o convencimiento (“votan porque son guerrilleros”), (González, Bolívar y Vásquez, 2003). Al respecto de algunos de estos estereotipos sobre la política en zona de conflicto véase el texto de Verdadabierta sobre las elecciones en el Caguán.

Para concluir, no se trata de negar la influencia que tiene el uribismo en el departamento, pero sí de ubicarla en sus “justas” proporciones buscando indagar por los procesos políticos territoriales subyacentes evitando caer en generalizaciones simplistas. Una verdadera reconciliación parte de reconocer el papel real de todos los actores políticos y tanto unos como otros deben ser tenidos en cuenta.


Ahora bien, más allá del papel del uribismo y de la izquierda, lo que continúa primando en el panorama político del Caquetá es el papel de la maquinaria política tradicional y como ya se ha alertado, pensar un “posconflicto” pasa por revisar los mecanismos de articulación de la región con el Estado y con el sistema político. La alta abstención del Caquetá, de las más altas del país, y su poco potencial electoral frente al conjunto de la nación indican que esta relación no puede seguir siendo mediada por el interés clientelista de los poderes políticos nacionales.



[1] Agradezco a Edinso Culma por sus apreciaciones al respecto del Putumayo.

*Historiadora Universidad de los Andes. Mágister en Estudios Políticos Universidad Nacional.

** Fuentes de la zona sostienen que el escrutinio final de la registraduría fue de 4920 votos para el PDA y 5870 para el CD en San Vicente del Caguán. En la página web de la registraduría no se ha actualizado esta información.

Referencias:

Ciro, A. (2015), `Unos grises muy verracos.´ Poder político local y configuración del Estado en el Caquetá, 1980-2006, Tesis de Maestría en Estudios Políticos, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia.

González, F; Bolívar, I; Vásquez, T (2003). Violencia política en Colombia, de la nación fragmentada a la construcción del Estado, CINEP.

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